LA PROSTITUCIÓN NO ES UNA OPCIÓN, ES VIOLENCIA CONTRA LA MUJER


LA PROSTITUCIÓN NO ES UNA OPCIÓN, ES VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

La prostitución es una realidad que vulnera la dignidad de la persona, afecta a cuestiones de orden jurídico-político, de salud pública, de delincuencia, de pobreza y de convivencia vecinal allí donde se ejerce.

El 90% de las mujeres que ejercen la prostitución en España son de origen extranjero, especialmente vulnerables muchas de ellas al residir de manera irregular en nuestro país, lo que las convierte en víctimas de las redes de tráfico de personas. Estas redes las explotan en régimen de semi-esclavitud, por lo que sufren extorsiones, amenazas, privación de libertad y dependencia económica.

Existe explotación, aunque hubiere consentimiento, siempre que haya una situación de vulnerabilidad; es un negocio que lucra a mafias criminales de tráfico de personas, el segundo negocio más lucrativo tras el de armas y las drogas, y que en España movió 3.672 millones de euros en el año 2013.

La prostitución no es inocua para quien la ejerce y muchas de estas mujeres sufren estrés postraumático.

En España algunos partidos políticos proponen regular la prostitución como un trabajo más, sancionando a los clientes cuando no cumplieran la reglamentación y luchando contra el tráfico de personas. ¿Resolvería algo este problema la regulación de la prostitución como un trabajo más? Creemos que no. Seguramente incrementaría su ejercicio y probablemente el tráfico de personas, como sucedió en Holanda, donde la industria del sexo se incrementó en un 25%, o en Australia, donde aumentaron los prostíbulos tras su legalización.

A nivel jurídico, la constitucionalidad de su legalización/regulación sería dudosa pues chocaría entre otros preceptos con el artículo 10 de la CE, que establece como derecho fundamental “la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad…”, el artículo 14 de la CE, sobre la igualdad de todos los españoles, y el artículo 15 que establece el derecho a la integridad física y moral de las personas.

Por otro lado, la experiencia nos dice que allá donde se ha legalizado el ejercicio de la prostitución, no ha servido para proteger a las mujeres, sino al cliente que demandaba sus servicios.

En AVANZA, en sintonía con muchos de los países de nuestro entorno y con el objeto de luchar contra el ejercicio de la prostitución como una forma de violencia de género que vulnera la dignidad y los derechos fundamentales de las mujeres, proponemos:

  • Considerar siempre a la mujer como víctima de la prostitución.

  • Luchar contra el tráfico y trata de personas.

  • Elaborar una normativa que se centre en la sanción del cliente de la prostitución y, como ya recoge la legislación francesa, dar publicidad de los nombres de los clientes sancionados.

  • Acceso al sistema público de salud. Asesoramiento sobre recursos socio-sanitarios.

  • Tramitación del permiso de residencia y trabajo (víctimas de explotación sexual pertenecientes a terceros países).

  • Derecho a la repatriación de aquellas mujeres que así lo soliciten.

  • Facilitar alojamiento adecuado durante el período de recuperación física, psicológica y social de las víctimas de trata de personas cuyo fin fuera el ejercicio de la prostitución.

  • Escolarización de los hijos

  • Medidas de Integración socio-laboral. Formación profesional.

  • Percepción durante un año de una Renta Activa de Inserción.

  • Establecer una red de servicios de atención a las víctimas de explotación sexual.

  • Programas de concienciación social, especialmente dirigidos a los jóvenes adolescentes.

No creemos que la legalización de la prostitución o su regulación como un trabajo más sirva para erradicar esa relación de violencia/consumo que se ejerce sobre la mujer con el consiguiente daño moral y vulneración de su dignidad. Tampoco creemos que la legalización de la prostitución y el proxenetismo promueva la igualdad de género y contribuya a reducir la trata de personas. Por el contrario, sólo si el paradigma a la hora de tratar la prostitución se centra en considerarla una vulneración de los derechos humanos de la mujer y se sanciona al cliente que la consume, se podrá luchar con cierta eficacia contra la prostitución como una forma más de violencia de género.

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