Po..." />

EL GOLPE DE LA PARTITOCRACIA


EL GOLPE DE LA PARTITOCRACIA
Por lógica, un golpista pretende imponer su Ley sobre la vigente y jamás reconocerá autoridad diferente a la suya. Por eso, cuando triunfa, ha de iniciar su andadura con un sistema de poder autorreferencial. No cabe la separación de poderes. El ejemplo lo vive España desde el pasado 8 de septiembre, con un presidente de la Generalitat que se ha arrogado el poder ejecutivo y legislativo y trata de anular el judicial a través de la presión callejera, -presunto delito de sedición incluido que es lo que ha llevado a los “Jordis” a Soto del Real-.  
La maniobra de distracción del golpe de Estado liderado por Carles Puigdemont radica en que se denomina “incruento”, porque utiliza la violencia pasiva para provocar el uso de la fuerza por parte de quien tiene el legítimo monopolio sobre ella –por mandato Constitucional-, que es el Estado. No entraron al Parlament con las pistolas como Tejero en el Congreso. No lo necesitaban, porque ya lo ocupaban. Sólo tenían que obligar a la Guardia Civil a usar la fuerza para hacer cumplir la Ley. Invierten, así, la percepción de la realidad, maniobra esencial para el éxito de su causa.  Pero si lo anterior provoca confusión, lo más grave es darnos cuenta de algo extremadamente duro de asumir. Para que el Golpe triunfe, resulta imprescindible la complicidad –por acción u omisión- de dos poderes del Estado: El poder ejecutivo –el Gobierno- y el poder legislativo –el Parlamento-. Moncloa y San Jerónimo han de actuar coordinadamente con el Palau de la Generalitat. 
Aunque nos duela, aunque deseásemos negarlo, eso es lo que ocurre en España hoy; es lo que permite que los golpistas gobiernen Cataluña. Es duro admitir, además, que lo hacen con el mismo método. Quienes ostentan ambos poderes del Estado, en teoría separados, son los mismos. PP y PSOE controlan ambos poderes, Ejecutivo y Legislativo, con la complicidad de C’s y Podemos. El resto recoge las migajas. 
Alguien se preguntará qué motivo podría tener el llamado “bloque constitucionalista” para ofrecer su complicidad a Puigdemont. Pero es bien simple: son cómplices por omisión, porque actúan por inercia. PP y PSOE actúan de acuerdo a un cálculo electoral. Los ciudadanos españoles, los hogares, les dan igual. Somos meros números en las encuestas de los Arriola de turno y en la urna que les asegurará otro mandato. 
Esto explica el sentimiento transversal de la inmensa mayoría de los españoles desde el 1 de octubre, excelentemente expresado por el Rey Felipe VI en su alocución a los ciudadanos del pasado 3 de octubre: “Desasosiego y tristeza”.  
Pero el Jefe del Estado dijo más: “Ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía”.
Lo que parecía una advertencia a Puigdemont, la entendemos hoy como una advertencia a los partidos políticos que controlan el poder ejecutivo y el poder legislativo en España. El monarca parecía anticiparse en su papel constitucional de mediador, pero en este caso entre los partidos políticos –secuestradores de dos Poderes del Estado en su propio interés-, y aquellos a quienes deberían rendir cuentas: los ciudadanos españoles y su interés general.
PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos –partidos sistémicos y profesionales, auténticas industrias de la política- concentran el poder ejecutivo y legislativo de facto. Por eso las medidas que van a aplicar para resolver el golpe de Estado en Cataluña conducen, exclusivamente, a plantear un escenario electoral que asegure el conflicto a corto y medio plazo. Ganan todos. Todos ellos. Los golpistas en Cataluña se aseguran otra legislatura de victimismo y amenaza. Los políticos profesionales obtienen una reforma Constitucional que no cambie nada; sobre todo, que no cambie el statu quo que de verdad les preocupa. Uno en que el Estado siga rendido a los pies de la industria de los partidos. Uno en el que el futuro de los hogares españoles no importe, salvo para aparentar cuando llegan las elecciones.

 

 

C/Ferraz 35, 1º dcha. - 28008 MADRID

+34 910 642 278

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.