El arte de distraer a costa de sentimientos ajenos


El arte de distraer a costa de sentimientos ajenos

El Valle de los Caídos y el arte de distraer

El PSOE ha llegado al Gobierno merced a una crisis de resultado inesperado, tiene el poder, pero sus bases son muy limitadas y apenas puede hacer nada, está maniatado por su debilidad parlamentaria. 

En estas ha decidido echarle un poco de picante a su impotencia, y para ello se ha fijado en un clásico de cierta izquierda, en el Valle de los Caídos, mejor, en el tópico acerca de ese Monasterio. Porque una cosa es el tópico político que se puede relacionar con ese símbolo y otra cosa es su verdadera realidad religiosa. La disculpa para perpetrar esa confusión es el sepulcro de Franco, un asunto que carece, a estas alturas, de cualquier importancia, pero que puede servir para confundir, para engañar al respetable, si se convierte en señuelo de una campaña de carácter político, aunque sea al precio de pisotear los sentimientos religiosos de muchísimas personas que son completamente indiferentes al destino de los restos del que fue Jefe del Estado.

¿Quieren sacar a Franco de su tumba? Que lo hagan, solo necesitan respetar lo que dicen las leyes al respecto y obtener el permiso de los herederos, que, a estas alturas, difícilmente vayan a hacer de esta cuestión el mismo escándalo político que pretende el PSOE. El problema es que eso se puede hacer discretamente, y lo que el PSOE busca es espectáculo, dar la sensación de que se opone decididamente a un fantasma peligroso, a la religión como esencia de una derecha fascista y atrabiliaria. Quieren acabar con la vida monacal en ese lugar de la sierra madrileña para inaugurar allí uno de esos adefesios culturales que tanto aprecian. No lo conseguirán, porque la ley ampara a los monjes y al Monasterio que, al margen de cualquier política, se acoge a un derecho que ningún gobierno civilizado puede ignorar. 

Estas hazañas simbólicas pueden servir para ocultar durante un tiempo la pobreza de ideas, la escasez de fuerza y de apoyo para realizar una política que merezca ese nombre. Pero hay algo más, al utilizar este sistema engañoso, el PSOE no solo nos traiciona a todos, y en especial a sus electores, sino que comete el inmenso error de fundar su política, aunque solo sea gestual, en un sentimiento antirreligioso que no comparten la mayoría de sus electores, aunque esté muy arraigado, todavía, en el ánimo de sus partidarios más visceralmente radicales. Al actuar así, el PSOE vuelve a remover las cenizas miserables de un incendio de hace más de ochenta años, de unos rencores y unas reyertas, tan estériles como insanas y peligrosas, conflictos superados que es absolutamente irresponsable avivar. Es curioso que en esto venga a coincidir el PSOE con ciertas facciones de la extrema derecha, porque ambos buscan valerse de la religión, prostituirla, para conseguir un beneficio político tan egoísta como miserable. 

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