¿DOMINIO DE LOS TIEMPOS?


¿DOMINIO DE LOS TIEMPOS?

La situación en Cataluña parece arreglada.

La Declaración de Independencia del Parlament ha sido dejada sin efecto por el Tribunal Constitucional. El artículo 155 de la Constitución Española ha sido aplicado por fin. Las consellerías han sido puestas bajo la suprema autoridad de los ministerios correspondientes. Las elecciones al Parlament han sido convocadas para el día 21 de diciembre con los 54 días de plazo que marca la Ley Electoral. El fiscal ha presentado las oportunas querellas que han sido admitidas. Freixenet mantiene en Cataluña su sede social porque la seguridad jurídica ha sido restaurada. ¿Felicitaciones al gobierno?

Habría muchas cosas que alabar y otras que objetar, pero ahora vamos a fijarnos en una sola e importantísima, la fecha elegida para las elecciones autónomicas. El señor Rajoy ha sido muy elogiado por su manejo de los tiempos, pero en este caso consideramos que el manejo de los tiempos exige acelerar unas veces y frenar otras; como en la conducción de los coches: no se puede pisar siempre el freno. ¿Quizá podría haber resistido la presión del consenso partidista? Sin duda la convocatoria de elecciones en el más breve plazo era la solución más cómoda. Evitaba acusaciones, al menos las medianamente responsables -las otras son siempre inevitables- sobre el interés del gobierno para dominar Cataluña, pues es objetivamente positivo poner urnas de verdad con todas las garantías jurídicas.

Pero también se puede correr el riesgo de que el estado social y político de Cataluña no permita tan inmediata llamada. Quizá sería preciso serenar los ánimos, al menos políticamente hablando. En un sentido más profundo puede ser necesario mucho más tiempo, pues no se borra tan fácilmente una historia inventada, una educación dirigida, una información parcial, unos entramados sociales manejados y subvencionados.

Hoy Cataluña está convulsa. Mucha gente está descontenta con sus partidos y los mismos directores de estos están divididos. ¿Bastan estos meses para que los propios políticos se aclaren? ¿Los brevísimos plazos de la Ley Electoral -pensada para supuestos normales- permiten una mínima sedimentación de partidos, electores y políticos?

Si hubiera habido más tiempo, era posible y aún probable, la aparición de figuras nuevas o antiguas diferentes de las actuales, de partidos nuevos o coaliciones de partidos renovadoras.

¿Puede la falta de plazo condenarnos a repetir las mismas caras, las mismas organizaciones políticas? Esa liberación de sectores silenciados que ha provocado la manifestación del pasado domingo 29 de octubre ¿encontrará dónde concretarse?.

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