¿EL OCASO DEL PP?


¿EL OCASO DEL PP?

Uno de los indicadores de opinión más constantes en la sociedad española, cuando se examina con objetividad, es el desengaño que un altísimo porcentaje de la población siente hacia la política, una actividad que, en lugar de ser una forma de buscar remedios, se les presenta como un grave problema.

Esta situación, que de ninguna manera se puede considerar normal, se traduce en una absoluta falta de confianza hacia los partidos y en una desesperanza radical en que de ellos pueda surgir nada especialmente bueno o deseable. Este problema afecta de manera singularísima a los electores de lo que convencionalmente se suele llamar derecha o centro derecha, a los ciudadanos que profesan ideas conservadoras y/o liberales, puesto que los votantes de izquierda han tenido, durante muchos años, posibilidades de elegir entre diversos partidos con esa orientación y, además, porque siempre han visto en la política una fuente de conquistas y asumen que, de una u otra manera, las fuerzas de izquierda comparten ese programa.

Los electores conservadores y/o liberales llevan un largo tiempo padeciendo una serie de lacras en el partido al que solían votar que los avergüenzan, los desmotivan, y los llevan a un estado de ánimo que oscila entre la pasividad y la desesperación, algo que contrasta muy fuertemente con lo que es típico en el resto de su vida, en sus creencias en sus trabajos o en sus negocios, allí donde ponen entusiasmo, esperanza y tesón. En la política, sin embargo, pueden dejarse llevar por la tentación de ser derrotistas, escépticos, incluso nihilistas.

¿Qué es exactamente lo que pasa? ¿Qué remedio tiene?

La falta de credibilidad se funda, sobre todo, en la certeza de que los partidos miran, por encima de todo, por sus propios intereses y se desentienden casi por completo de su misión representativa, y este es un problema que, en una u otra medida, afecta lo mismo a la derecha que a la izquierda. Un ejemplo de ahora mismo podría ser el que el presidente Sánchez esté tratando de entenderse con los golpistas catalanes, olvidando por completo lo que piensan sus electores, y no digamos el resto de los españoles, porque lo que le preocupa en exclusiva es  su permanencia en la Moncloa, y lo demás ya se verá. El PP, en particular, ha abusado de la paciencia de sus electores en la certeza de que, al final, no tendrían otro remedio que volver a votarle, pero por ese camino ha llegado a perder completamente su capacidad de arracimar una mayoría política.

Los partidos pueden permitirse ese lujo de despreciar a sus electores, aunque al final les salga carísimo, porque tiende a constituirse como ejércitos en píe de guerra, de tal modo que cualquier discrepancia es una traición y cualquier debate una pérdida de tiempo, y de ese modo acaban por convertirse en caricaturas de lo que necesitan sus electores, representación y debate político, búsqueda de soluciones justas, inteligentes y viables a los conflictos que se plantean continuamente en el funcionamiento ordinario de sociedades muy plurales y bastante complejas. Olvidado lo fundamental, todo consiste en someter fiscalmente a los ciudadanos y aumentar los aparatos públicos y las redes clientelares con la disculpa hipócrita de la atención a demandas sociales que, en ocasiones, son sencillamente inexistentes, o muy irrelevantes porque están ya suficientemente satisfechas.

La solución de esta clase de problemas solo puede venir de los propios partidos, y en casos en que esto se acabe por mostrar imposible, por la presentación de nuevas propuestas, de nuevos partidos que sepan, evitar, desde el principio, los problemas que han acabado arruinando a los demás. No es imposible conseguirlo, pero tampoco es fácil, porque el desprestigio de la política se extiende como una mancha de aceite y cunde la sospecha sobre cualquier iniciativa nueva a la que, desde los partidos tradicionales, se acusará continuamente de atentar a la unidad necesaria para el logro de los objetivos políticos, esos a los que ellos nunca han hecho demasiado caso, especialmente cuando se han dedicado, con entusiasmo digno de mejor causa, al continuo saqueo fiscal o a la ingeniería social más sucia y degradante.

El partido que sea capaz de rectificar los rumbos equivocados en el centro derecha se encontrará con dificultades, pero acabará por salir adelante si acierta a hacer las cosas que hay que hacer bien. Parece muy necesario subrayar algunas que son esenciales:

  1. Huir del aventurerismo y contar con gente experimentada y limpia, con personas que obedezcan a un patriotismo genuino y busquen, por encima de todo, el bien común del conjunto de la sociedad.
  2. Que sepan formar una fuerza política moderna, abierta, con pluralidad de puntos de vista y debate intenso para tratar de encontrar las mejores soluciones, lejos de cualquier dogmatismo y de cualquier pretensión de saberlo todo y, sobre todo, una organización que comprenda que hacer política no es simplemente aplicar soluciones preexistentes sino encontrar fórmulas nuevas, creativas, capaces de generar ilusión y esperanza.
  3. Defender con firmeza los principios de la libertad, el respeto a la conciencia moral de los ciudadanos, y la unidad nacional y saber hacerlo con capacidad para dialogar, para comprender y para buscar fórmulas de convivencia que fortalezcan los lazos de solidaridad y unidad que debe existir en una sociedad abierta y bien cohesionada.

¿Por qué es tan difícil hacer algo tan fácil de decir? Pues por dos razones fundamentales, la primera el exceso de confianza de los ciudadanos en que otros harán bien lo que tienen que hacer, aunque no se les vigile, y, en segundo lugar, por la comodidad de no complicarse la vida participando en las organizaciones políticas desde las que es posible orientar el destino social. Lo decía muy claramente Edmund Burke a finales del siglo XVIII: “Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada”.

Una cosa está muy clara, por lo tanto, o el actual PP que fue en su momento referencia del centro derecha rectifica de manera rotunda y rápida su orientación, u otros tendremos que lanzarnos audazmente a la tarea. Ante la apisonadora de centro izquierda representada actual e indistintamente por el PP, CIUDADANOS y PSOE, en España se requiere con urgencia una fuerza política capaz de representar a millones de españoles para quienes la política no puede renunciar al bien común, a todo lo bueno que se conserva de nuestro pasado, ni tampoco al poder de la libertad responsable como eje fundamental de resolución de problemas. 

C/Ferraz 35, 1º dcha. - 28008 MADRID

+34 910 642 278

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.