UN FRACASO DE TODOS. UNA OPORTUNIDAD PARA TODOS


UN FRACASO DE TODOS. UNA OPORTUNIDAD PARA TODOS

El 1 de octubre hemos asistido al fracaso del planteamiento independentista del gobierno y el parlamento de Cataluña y a la constatación del fracaso político del Gobierno de España. Los primeros no han logrado que una mayoría significativa e indubitable del pueblo de Cataluña apoye la independencia ni siquiera al margen de la ley; y el segundo no ha logrado poner en pie un proyecto nacional alternativo al independentismo, ni siquiera evitar la comisión de un delito anunciado. Hemos asistido ayer a la escenificación del fracaso de unas élites –las gobernantes en la Comunidad Autónoma de Cataluña y las gobernantes en el conjunto de España- que han jugado, ambas, a un juego autorreferencial y ajeno a los intereses generales: los primeros se han situado al margen de la ley y de toda legitimidad democrática para defender –aún al precio de romper la paz social y de la fractura de la sociedad catalana y española- sus posiciones de poder y sus posibilidades de seguir saqueando las cuentas públicas; y los segundos han puesto de manifiesto que ni tienen ni se esfuerzan en tener un proyecto de España ilusionante y atractivo ni capacidad técnica de hacer que se cumpla la ley.

El anterior juicio no implica que las culpas sean iguales y comparables. La gran culpa –la gran responsabilidad-, corresponde a las instituciones de la Comunidad Autónoma de Cataluña que han optado por la ilegalidad manifiesta y han mostrado la bajeza moral de no tener reparo en destrozar la convivencia cívica en la sociedad española (y por tanto, en la catalana) con el único fin de mantener y aumentar su posición de dominio sobre el presupuesto público. La gran culpa del Gobierno de España –y del partido que lo sustenta- es haber mostrado su desnudez patriótica, ideológica y moral absoluta ante este burdo asalto al poder desde la ilegalidad manifiesta.

“La gran culpa del Gobierno de España –y del partido que lo sustenta- es haber mostrado su desnudez patriótica, ideológica y moral”

Los primeros pusieron en marcha un proceso de desprecio absoluto al ordenamiento jurídico y a los valores morales que sustentan una sociedad democrática, y los segundos mostraron una desnudez moral y política total que sólo supo oponer (a ese desprecio a los fundamentos de nuestra convivencia) un aprecio sin alma ni pasión alguna a un frío formalismo jurídico sin consistencia vital. Por eso ambos han fracasado: los políticos independentistas catalanes, porque no han logrado ni la aparente legitimidad de un apoyo masivo y aplastante del pueblo en cuyo nombre dicen actuar; y los gobernantes del PP porque han puesto de manifiesto que no son capaces ni de ofrecer un proyecto de nación para el siglo XXI, ni de hacer que se respete el orden jurídico vigente. Estamos ante el fracaso de un modelo de hacer política al servicio de las élites que solo se sirven a sí mismas amparándose en mitos nacionalistas o en formalismos jurídicos, pero que no piensan ni les preocupan las personas reales.

No es cuestión de enfrentar banderas con manifestaciones alternativas para ver quién reúne circunstancialmente más gente y quién genera más emociones e impacto en las redes, sino de plantearse en serio qué somos y queremos ser como pueblo, qué clase de política queremos hacer y al servicio de qué proyecto de vida en común, pues eso es una nación. Si los gobernantes actuales de Cataluña han puesto de manifiesto que su objetivo es declarar la independencia en breve -apoyen muchos o pocos catalanes esta opción- porque eso es lo que conviene a sus intereses de casta ansiosa de poder y presupuesto, los gobernantes actuales de España han puesto de manifiesto que ellos también desean conservar su posición de dominio sobre el poder y el presupuesto aunque no sepan muy bien cuál es el proyecto de país al que sirven. Dos castas o élites luchan y se enfrentan en el vacío mientras las personas concretas se ven olvidadas en sus preocupaciones y angustias concretas. Es cierto que la principal culpa es de quienes quieren romper la paz social y la garantía de la ley; pero eso no exime de responsabilidad a quienes desde el Gobierno de la nación se limitan a defender su estatus de poder sin explicitar –porque no lo tienen ni lo sienten- un proyecto de vida en común que no se limite a defender en abstracto el ordenamiento jurídico vigente por inercia obligada.

“Dos castas o élites luchan y se enfrentan en el vacío mientras las personas concretas se ven olvidadas en sus preocupaciones y angustias concretas”

Desde AVANZA defendemos la aplicación de la legislación vigente como parámetro ético irrenunciable para una convivencia humana; y por eso apoyamos que el Estado de Derecho actúe contundentemente por todos los medios legales, para evitar que se imponga la dictadura del voluntarismo particularista de una minoría que defiende los intereses de poder de una casta regional (corrupta, además), por mucho que se envuelva en una bandera sentida honestamente por una parte de nosotros.  Pero, por lo mismo, defendemos que la alternativa a la confrontación y ruptura social que supone el independentismo no es la defensa de los intereses particulares de la élite funcionarial que ahora gobierna España, pues no tiene proyecto ni visión de futuro alguno para quienes sufren las consecuencias reales de esta pelea de élites que solo piensan en sí mismas.

AVANZA no se sumará a las manifestaciones de confrontación de símbolos y emociones -por mucho respeto que le merezcan muchas de ellas- porque apostamos por ayudar a que España aproveche estos tristes sucesos para plantearse en serio y a fondo, sin prejuicios ni intereses particulares, las cuestiones de fondo de nuestra época:

-          ¿El régimen del 78, con 40 años de vigencia, no merece una revisión para reconstruir un proyecto compartido y creativo de futuro? ¿Convendría un proyecto sin ataduras a los intereses de las castas que ese régimen ha generado, y son hoy ya un lastre aunque en el pasado fueran positivas?

-          El estado autonómico ¿no merece una reflexión crítica para decidir si en su configuración actual responde a la deseable calidad de vida de los españoles o muestra señales de haberse convertido en un problema más?

-          ¿El sistema electoral vigente es garantía de una democracia inclusiva y creativa o genera disfunciones dignas de un replanteamiento de fondo al margen de los intereses particulares de las élites instaladas en el poder?

-          El modelo de poder judicial y justicia constitucional que tenemos, ¿sigue siendo el adecuado para construir una sociedad abierta y en que el derecho sea respetado o es un lastre para tal objetivo?

-          El régimen de partidos políticos monopolizadores de las instituciones que ha surgido de la legislación vigente, ¿es el que necesita España para afrontar los retos del siglo XXI o la partitocracia axfisiante que nos gobierna es un problema a resolver?

“Apostamos por ayudar a que España aproveche estos tristes sucesos para plantearse en serio y a fondo, sin prejuicios ni intereses particulares, las cuestiones de fondo de nuestra época”

El asalto golpista al estado de derecho por la minoría independentista catalana debe recibir una respuesta contundente desde la legalidad constitucional, pero eso sería muy insuficiente si se quedase en una actuación judicial y de la Abogacía del Estado y el Ministerio Fiscal. Tenemos  que aprovechar esta enfermedad de nuestro sistema político para afrontar una reflexión a fondo de las causas de esta desgarradora anomalía democrática, sin limitarnos a su represión jurídica o policial.

 AVANZA propone que nos planteemos una verdadera reforma del Estado pensando en las personas y sin atarnos a los intereses de las élites políticas, ni de las Comunidades Autónomas ni del Estado.

C/Ferraz 35, 1º dcha. - 28008 MADRID

+34 910 71 92 23

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.