PENSIONES SIN FUTURO


PENSIONES SIN FUTURO

Los problemas actuales de nuestro sistema de pensiones, y los aún mayores que la demografía augura para el futuro, son uno de los desafíos capitales de la sociedad española.

La Seguridad Social sufre actualmente, año tras año, déficits multimillonarios. Las cotizaciones sociales no alcanzan para pagar todas las pensiones. En España, la tasa de sustitución de las pensiones, es decir, el porcentaje medio que las pensiones de los nuevos jubilados suponen en relación a su salario previo a la jubilación, es una de las mayores de Europa. Pero apenas tenemos dos cotizantes por jubilado, en parte por la elevada tasa de paro que aún persiste, en parte porque la sociedad española empieza a estar bastante envejecida, envejecimiento que seguirá aumentando en los próximos años.

Además, nos jubilamos a la misma edad que hace un siglo, pero ahora los españoles se retiran, en promedio, en mucho mejor estado de salud y viven muchos más años tras dejar de trabajar. Para empeorar las cosas, al sistema de Seguridad Social se le cargan también las pensiones no contributivas, es decir, aquellas que no son resultado de la cotización directa del pensionista (orfandad, viudedad, etc.). El resultado es que, tras tres años con el PIB creciendo a más del 3% anual (10% acumulado en el trienio), y con un 13% más de afiliados a la SS que a finales de 2014, se ha anunciado hace poco que el gobierno deberá “prestar” 15.000 millones a la Seguridad Social para poder pagar las pensiones en 2018. ¡Insostenible!

De cara al futuro, por nuestra bajísima tasa de natalidad, el deterioro en la proporción entre los españoles en edad activa y en edad de jubilación tiende a alcanzar cotas alarmantes. Por ello, además de racionalizar el sistema público de pensiones, es imprescindible facilitar el ahorro privado, para que los españoles complementen su pensión pública con ahorros propios. Con este fin, y porque sería de justicia, se deben eliminar las penalizaciones y trabas al ahorro existentes en España, que no son pocas. Y sobre todo, por el problema de las pensiones y por muchos otros, es urgente que hagamos de la recuperación de la natalidad una de las primeras prioridades nacionales. Sin más niños que los pocos que nacen en España, el futuro de nuestro sistema de pensiones, y no solo de ellas, solo puede ser sombrío.

Para lograrlo, España necesita un cambio cultural, de valores y leyes, en favor de la natalidad y la familia. Y en el plano económico, para facilitar que nazcan más niños, hay que compensar a los padres por el esfuerzo económico que los hijos conllevan, siendo una de las medidas más deseables y justas que los jubilados reciban un plus apreciable en pensiones por cada hijo que tuvieron. Asimismo, para que las familias dispongan de mayores niveles de renta, lo cual, entre otras cosas, ayudaría a afrontar mejor el coste de crianza de los niños, es esencial remover trabas a la economía y mejorar la educación en España, lo que redundaría en más empleo y mejores salarios. También es necesario racionalizar el gasto público para moderar la presión fiscal a empresas y familias, y así los que producen riqueza conservarían una mayor parte de ella para sus propias necesidades, como criar niños en el caso de las familias.

Los retos de las pensiones y la natalidad están ahí. Son gigantescos y están entrelazados. Y es imprescindible afrontarlos con rigor, decisión y valentía. En AVANZA estamos trabajando en la articulación de propuestas realistas que contribuyan, en el medio y largo plazo, a garantizar nuestro sistema público de pensiones y la solidaridad intergeneracional.

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