CRECIMIENTO ECONÓMICO SIN PROGRESO SOCIAL


CRECIMIENTO ECONÓMICO SIN PROGRESO SOCIAL

Cada pocos meses, cuando se hacen públicos los datos de crecimiento del Producto Interior Bruto del último trimestre o del año anterior, los medios de comunicación se saturan con titulares sobre la bonanza económica de España. Por lo que parece, para muchos el mero crecimiento del PIB supone que todo va bien en economía, pero olvidan que no es el único parámetro relevante, aunque sí es muy importante, para juzgar cómo nos va. Su crecimiento supone que se han producido más bienes y servicios, lo que generalmente va vinculado a más trabajo y más mercado; pero ese dato –siendo positivo- no implica necesariamente que ese crecimiento sea ordenado y sostenible, que no existan riesgos a medio y largo plazo (burbujas, deuda pública, apalancamiento privado desmesurado…) o que se esté ayudando a corregir otros desequilibrios de la sociedad española que también deben preocuparnos.

Por eso, merece la pena plantearnos la siguiente pregunta: ¿Este crecimiento del PIB en España se está traduciendo en una mejora proporcional del bienestar de la gente de a pie?

Para buscar la respuesta podemos acudir al último informe de la UE sobre España, publicado el 7 de marzo, que analiza la evolución de nuestra economía desde una óptica más amplia que la mera constatación del crecimiento del PIB. En ese informe, la Comisión Europea destaca la buena evolución de algunas variables como son el crecimiento del PIB (3,1% en 2017, aunque señalando que la coyuntura internacional que lo favorece no durará mucho ya que crecerán los precios del petróleo y subirán los tipos de interés), la reducción significativa del desempleo hasta el 16,7% y el desendeudamiento progresivo del sector privado (pasando del 196,2% en 2011 al 146,7% en 2016). Junto a estos datos positivos, la UE destaca datos no tan alentadores como los siguientes:

  • Mientras que en cinco años la deuda del sector privado ha bajado el equivalente a la mitad de todo el PIB, la del sector público ha crecido un 40% del PIB. Esto significa que las familias y las empresas se han ajustado el cinturón con un esfuerzo sin precedentes en la historia de Europa, mientras que el Estado no sólo no lo ha hecho sino que ha incurrido en un endeudamiento muy preocupante (cada español hoy tiene sobre su cabeza 24.590€ de deuda pública, más que el salario medio anual).

  • El desempleo de los más jóvenes (15-24 años) sigue en el 37,5%, el de los menos cualificados de cualquier edad en el 23,8% y el de los extranjeros de fuera de Europa de cualquier edad en el 25,9%. Seguimos a la cola de Europa en empleo. 

  • La tasa de riesgo de pobreza y exclusión social (personas que viven con menos del 60% de la renta mediana disponible equivalente (después de transferencias sociales) y/o personas que sufren privación material severa y/o personas que viven en hogares con una intensidad de empleo muy baja [por debajo del 20% del total de su potencial de trabajo]) ha crecido en todas las cohortes de edad menos en la de mayores de 65 años, los jubilados. 4 de cada 10 personas de 16 a 29 años y 3 de cada 10 menores de 16 años o de 45 a 64 años están en riesgo de pobreza y/o exclusión.

  • La pobreza de las personas con empleo también se ha disparado, creciendo especialmente desde el año 2013, en que se consolidan los efectos de la reforma laboral. Casi 3 de cada 10 temporales (el 26,8% del total), 1 de cada 4 parciales y casi el 15% del total de trabajadores está por debajo del umbral de la pobreza. Este último dato es especialmente preocupante: ya el riesgo de pobreza no está en la frontera entre tener trabajo o no, sino que parte de los que tienen trabajo viven en situación de pobreza porque los salarios han caído hasta límites incompatibles con una vida sostenible. Algo en la reforma laboral no está funcionando bien.

Como se observa, el crecimiento económico acelerado (por encima de la media europea) de los últimos años no está yendo acompañado de una mejora sustancial del bienestar del conjunto de la sociedad, de las personas concretas. La política económica ha exprimido a familias y empresas para enderezar el rumbo mientras que las administraciones no hacían un esfuerzo proporcional de ajuste; los salarios pierden capacidad adquisitiva como nunca, el paro juvenil elevadísimo se reduce muy lentamente y la pobreza y exclusión social crecen para todos los menores de 65 años, trabajadores o no.

Como afirma la Comisión Europea, en España “La situación social continúa mejorando con el crecimiento económico y laboral pero la desigualdad de rentas y la población en riesgo de pobreza sigue alta”. Hacer política exige dejar de atender exclusivamente los datos macro para comenzar a solucionar los problemas reales de la gente que progresivamente va quedando descolgada del crecimiento económico.

Toda política pública debe ser pensada en clave de persona y de familia, de acuerdo con su incidencia en la vida real de las personas. Esa política de altos vuelos es la que AVANZA quiere para España.

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