Cataluña


En estos días estamos presenciando un espectáculo preocupante en Cataluña: la debilidad del actual Gobierno, sucesor de la irresponsabilidad de gobiernos anteriores. El interés predominante pareciera reducirse entonces y ahora en ganar elecciones y conservar el poder.

De la mano de una gran parte de políticos catalanes y del resto de España, se está causando un daño irreparable a los legítimos intereses de los españoles y a nuestra imagen en el mundo.

Hace poco, desde Avanza reivindicábamos que Cataluña no es un problema, y muchos se escandalizaban. Sin embargo, cuando una acción ilícita como la de los consecutivos gobiernos autonómicos catalanes tiene tantos remedios legales, y ninguno se aplica desde un Gobierno que no gobierna, empezamos a sospechar que, en efecto, si no se resuelve es porque no se quiere. Y si no se quiere, es porque no hay un problema real, sino una situación que perpetúan a voluntad ambas partes del supuesto conflicto, sin la mínima intención de coger el toro por los cuernos.

Al Gobierno no le queda en la manga ninguna maniobra más, y carece de sentido su estrategia de mantener encendida la mecha del nacionalismo, al tiempo que éste ha demostrado su corrupción moral y su desobediencia a la legalidad vigente. Parece que ambas partes han encontrado una manera eficaz de mantener distraída a la población de los graves problemas que le afectan, que siguen sin solucionarse y en los que nos jugamos nuestro futuro: crisis demográfica, educación, un endeudamiento cada día mayor, paro y empleo precario, crisis de la identidad nacional...

La independencia de Cataluña constituye un despropósito en términos políticos, sociales y económicos, y esto lo saben nuestros políticos. Lo terrible de todo esto es que aunque finalmente no logren sus objetivos en el terreno político, en la vida real han quebrado la convivencia entre vecinos que hasta ahora eran amigos. Hoy no pueden hablar de política o, peor aún, no pueden seguir siendo amigos como lo eran antaño. En ningún país del mundo un gobierno permitiría que un gobierno local burlara o incumpliera la ley. Sin respeto a la ley no hay democracia, y sin respeto a la ley no hay libertad. Vulneraciones tan arbitrarias generan una situación en la que los ciudadanos somos transformados en marionetas y siervos del poder.

Ha llegado la hora de pensar en España, en lo que es de todos y a todos nos incumbe y afecta; con generosidad y grandeza de ánimo, con altura de miras pero escrupuloso rigor en la aplicación de la ley. Es la hora de los españoles, cada cual desde el lugar que le corresponde y en la medida de sus posibilidades, tanto desde el conjunto del Estado como desde la sociedad civil.

Ha llegado la hora de trabajar para dar un empujón hacia adelante al magnífico proyecto común que representa España, y de cuyo futuro depende el de cada uno de nosotros y de nuestros hijos. Ha llegado la hora de todos los españoles sin excepción. Desde Proyecto Avanza ya nos hemos puesto manos a la obra.

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